Excusas Siempre Justificadas
por Victor González
Me
invitaron al taller de Liderazgo de una conocida compañía de Nueva
Jersey que figura entre las 100 compañías principales de acuerdo con el
ranking elaborado por la revista Fortune. El evento del día giró en
torno a la nueva camada de pasantes. En un momento de mi presentación,
hablé sobre las diversas razones que inventamos para no actuar. Aquellas
excusas que inventamos para retrasar o diferir nuestros planes de
alcanzar el éxito.
Hablé acerca de nuestro mal hábito de “racionalizar” por qué algo no
puede hacerse o lograrse. Aplazamos una decisión por alguna de las
siguientes razones: No se puede hacer, no tengo tiempo, todavía tengo
mucho que hacer, no tengo dinero por eso no es un buen momento. Mi perro
está enfermo por eso no tengo ganas de empezar algo nuevo ahora, no soy
lo suficientemente inteligente, no estoy calificado... y más bla, bla,
bla, bla. ¡Entienden la idea! Racionalizamos por qué no podemos avanzar.
¿Alguna vez trataron de analizar la
palabra “racionalizar”? Es la capacidad para “racionalizarnos” a
nosotros mismos
[1].
Eso es lo que hacemos cuando inventamos toda clase de excusas sobre por
qué no podemos hacer cosas o por qué no empezamos a hacer algo que debe
hacerse. Nos alimentamos con pequeñas dosis de mentiras todos los días;
hasta el punto en que nos convencemos de no ACTUAR.
Durante ese mismo taller, un estudiante me preguntó sobre cómo podría
hacer para encajar en un trabajo que estuviese fuera de su área de
especialización. Le respondí preguntándole cuáles eran algunos de los
obstáculos que lo detenían. Él respondió con una letanía de excusas
sobre por qué no era capaz de hacerlo (las oficinas no están en el mismo
edificio, es difícil complementarse con la gente, es una compañía grande,
etc). Pero cada excusa, mientras le explicaba, era justamente eso, una
excusa.
¡Hay una gran diferencia entre lo
imposible y lo inconveniente! Sus excusas eran formas convenientes para
no hacer lo que él sabía que tenía que hacer para ser exitoso. Eran
obstáculos, excusas de inconveniencia.
Luego cuestioné su compromiso para el
cambio (es decir, hasta qué punto deseaba cambiar). Me miró fijamente de
una manera que indicaba que había entendido lo que yo quería decir.
Verán, ninguna de sus excusas para encajar
y conocer gente fuera de su grupo eran válidas. Él simplemente estaba
“racionalizando” las causas que lo llevaban a no hacerlo.
Yo también fui una víctima de la
“racionalización” y el aplazo de decisiones. Pero a través de los años
he mejorado a la hora de hacer cosas y de actuar aun cuando mi mente
quería convencerme de lo contrario.
Llegué a la conclusión de que los sueños
no se disipan de la noche a la mañana. La razón por la que mucha gente
no logrará sus objetivos ni hará realidad sus sueños es porque los están
“racionalizando” poco a poco, día a día, semana a semana y así
sucesivamente.
Todos los años tomamos nuevas resoluciones
sólo para relegarlas, no de una vez, sino lentamente mediante la
retórica impotente de la racionalización. Cada vez que te demoras
en empezar tu misión en la vida, eso significa un día menos que tienes
para lograrlo.
Entonces, mi pregunta es la siguiente:
“¿Qué has estado racionalizando?” “¿Qué sueños y objetivos has estado
difiriendo, esperando que llegue el momento?”
Aquí
el autor ensaya un juego de palabras en inglés cuya traducción al
español se hace imposible. Desarmando el término “rationalize”; esto es,
racionalizar en español, el autor sostiene que “the ability to “ration
lies” to ourselves”, enfatizando el hecho de que nuestra capacidad de
emplear la razón, o racionalizar, se halla en nosotros mismos, quienes
somos sus verdaderos depositarios (Nota del Traductor).
Por favor de compartir este
mensaje con un amigo que necesita unas palabras de inspiración.
Víctor González © 2007, TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida de ninguna forma o
por cualquier medio, mecánico o electrónico, incluyendo fotocopias y
grabados, o por ningún tipo de sistema de archivo y recuperación, sin el
permiso escrito del autor o del editor.
Contácte
a
Víctor González.
|